El saco de carbón

Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el
suelo y gritando muy molesto.

Su padre, lo llamó. Jaimito, lo siguió,
diciendo en forma irritada:

– Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no
debió hacer lo que hizo conmigo.  Por eso,
le deseo todo el mal del mundo,
¡Tengo ganas de matarlo!

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como el tendedero estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:

– Hijo, como pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú.   El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros.

Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.

Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras.
Ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones.

Ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos.

Ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter.

Y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino.

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