FESTEJO NAVIDEÑO DE LA ORDEN PRIMERA DE LOS HERALDOS DEL EVANGELIO

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Nos reunimos 50 Heraldos del Evangelio de la Orden Primera, en la sede de Santiago, que se encuentra en Suba y Boyacá. Primero se rezó con mucha alegría el último día de la novena, con cantos como Noche de paz, en alemán; A la nanita Nana, etc. Posteriormente hubo una solemne Eucaristía celebrada por el Superior Padre Carlos Tejedor Ricci E.P. y concelebrada por los Padres Juan Francisco Ovalle E.P. y Diego Moncada E.P., y cantada por el coro y la banda de los Heraldos del Seminario. En el sermón inspirado nuestro querido Padre Superior comentó unas palabras proferidas hace 30 años atrás, en el periódico Legionario de Sao Paulo/Brasil, por el Profesor Plinio Correa: ” En ésta noche que festejamos el nacimiento de un Dios que se hizo hombre, Él nos trajo muchos regalos, hoy que es el día de los regalos, nos trajo la Iglesia, El la fundó, nos trajo el bautismo, la Sagrada Eucaristía, la Santa Misa, nos trajo y nos dejó a Su Madre, y habiendo venido a la tierra se quedó con nosotros para siempre, El vino, como dice la lectura, con sus insignias de mando, El vino a reinar, Él es victorioso, es Dios/Hombre, y cuando hay ocasiones en que parece que el mal está venciendo, yo digo Ay de los vencedores, porque serán humillados, porque Cristo siempre vence, reina e impera. “Esa es la convicción, la confianza que Él nos trajo”. Estas palabras tan llenas de certeza al ser dichas con tanta autenticidad arrancaron exclamaciones sonoras de consonancia de los Caballeros presentes.

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Acto seguido pasamos a una cena con pavo como es costumbre, y con una convivencia alegre, seria y llena de unión. Casi al final entraron dos jóvenes seminaristas con fotos del Fundador para regalar a cada Caballero. Y cuando faltaban dos minutos para media noche, todos caímos de rodillas delante del Divino Niño, que estaba vestido de Heraldo del Evangelio, y renovamos una vez mas la consagración a Jesucristo la sabiduría encarnada por las manos de María Santísima, ofreciéndole todo lo que somos y tenemos a Nuestro Señor para seguir en la evangelización hasta que llegue el día vendito del Triunfo del Inmaculado Corazón de María y por medio de Ella el de Su Hijo Jesucristo.

Pasada la media noche todos nos retiramos a nuestros aposentos, calmos, y llenos de entusiasmo, que significa llenos e Dios.

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