CEREMONIA DEL 24 DE DICIEMBRE EN LA SEDE SANTIAGO DE LOS CABALLEROS DE LA VIRGEN/ BOGOTÁ

 

A las 8 de la noche hubo una Eucaristía solemne celebrada por el P. Carlos Tejedor Ricci E.P. y concelebrada por los Padres Diego Moncada E.P. y Diego Cubides E.P. con preciosos ornamentos dorados. Una cierta cantidad de vecinos se dieron cita para participar. La Eucaristía fue cantada por el coro de los Seminaristas de los Heraldos del Evangelio, con la belleza que acostumbran hacerlo.

 

El Padre Carlos en su sermón habló: ¨El ángel dice que no temáis, os ha nacido el Salvador. Esos brazos abiertos del Divino Niño son para cada uno, como quien dice: Vine al mundo por ti, quiero hacerte el bien. Y alguien podría decir: ¿y mis pecados? Cuando a Santa Teresita le preguntaban sobre eso, ella respondía, que El Señor bien sabe mis faltas y limitaciones, y El como abogado sabe tomar en cuenta eso, y cuando ejerce la justicia lo hace con misericordia¨. La lección de hoy es no temer y confiar en esa bondad divina, de un Dios que se hizo hombre para divinizarnos¨.

 

Concluida la Misa todos los presentes pasaron a adorar al Niño Jesús, mientras se cantaba Noche de paz, el Tamborilero, etc. El ambiente era elevado, alegre y atrayente.

Una señora dijo: ¨El mejor regalo que me pudieron dar fue asistir a ésta Misa bella¨. Otra comentó: ¨Nunca pasé la navidad como ahora, aquí se siente la presencia del Niño¨.

 

Posteriormente más de 50 caballeros, de los mayores y menores, tuvimos una cena navideña y cuando se aproximaba la media noche, paramos y todos caímos de rodillas frente al pesebre, en el momento en que nacía El Salvador. Aprovechamos para renovar la consagración a Jesucristo, la Sabiduría Encarnada, por las manos de María. Y para concluir más cantos y felicitaciones de unos con otros deseándose felices pascuas
de navidad.

Eran ya las 12:30 de la madrugada y todos se retiraron con el corazón lleno, envueltos en el afecto, la alegría y el perdón de Jesús, por medio de María. Nos fuimos a recoger pensando que ha sido un pedazo de cielo, son antegozos de la felicidad eterna y son las alegrías que el mundo no da.

 

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *