María salvó la vida eterna de dos condenados a muerte con su arrepentimiento y conversión – Parte I

La última oportunidad de no morir para siempre.

Aún en los casos más irremediables María nos viene a buscar para que no perdamos la vida. En el último minuto puede llegar la conversión de los peores de nosotros.

Hay veces que un testimonio sobrenatural perdura por generaciones, convierte a muchos descreídos y hace emocionar a otros tantos que no dejan de pensar en las intervenciones de Nuestra Señora para salvar vidas para la eternidad y mostrarnos el camino a los demás.

La siguiente historia verdadera de Claudio Newman ocurrió en Misisipi USA en 1944. El relato fue narrado por el Padre O’Leary, un sacerdote de Misisipi, quien estuvo directamente envuelto en los eventos. El ha dejado una cinta grabada acerca de esto, para la posteridad.

LA MEDALLITA

Claudio Newman era un hombre de raza negra que trabajaba el campo para un hacendado. Se había casado cuando tenía 17 años con una chica de la misma edad. Un día, dos años después, se encontraba arando en el campo. Otro trabajador corrió a decirle que su esposa estaba gritando dentro de su casa. Inmediatamente Claudio corrió y encontró un hombre atacando a su mujer. Claudio se enfureció, tomó un hacha y le rajó la cabeza al asaltante dejándosela abierta. Cuando descubrieron quien era el hombre muerto se dieron cuenta de que era el empleado preferido del dueño de la hacienda para la cual Claudio trabajaba. Claudio fue arrestado. Más tarde fue sentenciado por asesinato y condenado a morir en la silla eléctrica.

Mientras estaba en la cárcel esperando su ejecución, Claudio compartió un bloque de celdas con otros cuatro prisioneros. Una noche, los cinco hombres estaban pasando el tiempo hablando bobadas y se les había acabado la conversación. Claudio se dio cuenta que un prisionero llevaba algo colgado del cuello. Él le pregunto qué era eso y el joven Católico le dijo que era una medalla. Claudio le preguntó, ¿qué es una medalla? A lo cual el joven no le supo responder o para que la llevaba. En ese momento y con ira, el muchacho se quitó la medalla de su cuello y la tiró al piso a los pies de Claudio diciendo groserías y maldiciendo, le dijo que la agarrara.

Claudio recogió la medalla, y con el permiso de los celadores de la cárcel la puso en una cuerdita y la llevó al rededor de su cuello.

Para él era algo curioso, pero él se la quería poner.

APARECE MARÍA
Durante la noche, mientras dormía fue despertado por un toque sobre la muñeca. Y allí parada, como Claudio le dijo al sacerdote después, estaba la mujer más hermosa que Dios hubiera creado. Al principio el estaba lleno de miedo. La Señora calmó a Claudio y le dijo, “Si tu quieres que yo sea tu Madre, y si te gustaría ser mi hijo, haz que te traigan un sacerdote de la Iglesia Católica.” Luego de esto, ella desapareció.

Claudio inmediatamente se llenó de miedo, y empezó a gritar, “un fantasma, un fantasma”, y corrió a la celda de uno de los otros prisioneros. Empezó a gritar que él quería ver a un sacerdote Católico.

El Padre O’Leary. El sacerdote que relata esta historia fue llamado a primera hora la mañana siguiente. El fue y encontró a Claudio quien le contó lo que le había ocurrido la noche anterior. Entonces Claudio junto con los otros cuatro hombres de su bloque de celdas pidieron que se les diera instrucción religiosa, y enseñanzas del Catecismo.

Inicialmente, el Padre O’Leary tenía dificultad para creer la historia. Los otros prisioneros le dijeron al sacerdote que todo en la historia era verdad, pero que por supuesto, ninguno de ellos vio o escuchó a la Señora.

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