VIGILIA DE ORACIONES TODA LA NOCHE FRENTE AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Del sábado 25 de Febrero, a las 6 p.m. hasta las 6 a.m. del domingo se realizó una bendecida vigilia de oraciones en la capilla de Fátima. La iniciativa fue de los Cooperadores o Terciarios de los Caballeros de la Virgen que realizan dos vigilas al año, para agradecer por las gracias recibidas y pedir más, porque bien saben que la vida interior es la base de la vida activa, una acción sin oración, sin sacrificios no produce efectos.
Unas 70 personas comenzaron con la Eucaristía celebrada por el P. Carlos Tejedor E.P. y acabaron 35 con la Eucaristía de cierre con el P. Diego Moncada E.P.. Cada hora tenía un “Guardia de Honor” que se encargaba de animar con meditaciones, música gregoriana intercaladas y silencios. Una meditación fue en base a un bello texto del Profesor Plinio Correa sobre “cómo se debe aceptar el sufrimiento que Dios nos mande y no sacudirse como si fuese una lepra, porque por medio de la cruz nos unimos al propio Cristo. En la base de una Orden religiosa, o mismo de una familia es necesario que hayan almas que se sacrifiquen, recen y sufran para sustentarlas. Almas para actuar hay muchas, almas para rezar menos, dónde están las almas para sufrir”. Además se meditó textos de mucha altura de Santo Tomás, San Agustín y Mons. Juan Scognamilio Clá Días, nuestro querido padre y fundador.
Hacia la media noche una señora comentó: “qué paz que se siente, no da deseos de separarse del Santísimo”. Y otro cooperador comentó: “qué bellas meditaciones!, hemos estado en un verdadero Tabor, cómo el mundo moderno no sabe lo que se pierde, porque algunos viven sólo en su mundo lúdico y libertino”.
En otra meditación se habló de cómo Nuestro Señor Eucarístico, que vive en altas contemplaciones, baja a nuestra alma para inocular su gracia, sacralizar nuestra alma y llenarnos de su amor y como dice D. Chautard en su libro ‘El alma de todo apostolado’: “nuestra felicidad en este mundo depende de nuestra unión con Jesucristo en el Santísimo Sacramento”.
Rezaron por todas las necesidades de la Iglesia, de sus pastores, por todo los Heraldos de la Orden I,II y III y para que se realice plenamente y en nuestros días el TRIUNFO DEL INMACULADO CORAZÓN, como profetizó Nuestra Señora en Fátima.
El tiempo pasó rápido. Todos acabaron con cierto cansancio físico, pero con el corazón contento por haber acompañado a Nuestro Señor y haber sentido sus caricias, su bondad y su confianza.

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