Cooperadora de los Heraldos del Evangelio visita la tumba de Pierre Toussaint en la Catedral de San Patrick NY y reza por todos nosotros

¡Salve María!

“Quiero saludarlo y contarle que estuvimos con mis hijos visitando la tumba de Pierre Toussaint. Está dentro de la Catedral de San Patricio [New York] en la cripta exactamente debajo del altar principal.
Les leí la historia de este gran hombre a mis hijos y les gusto mucho. Yo quedé fascinada con la humildad tan grande de este hombre y de su entrega total a los demás; siempre sostenido por la Santa Eucaristía diaria y el amor a la Santísima Virgen en un mundo tan difícil como le tocó vivir: un laico para admirar y aprender de él.

Rezamos en su tumba y mi hijo le colocó una vela.

Aquí le dejo algunas fotos de su tumba hasta donde permiten llegar”.
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Pilar Ramírez B.

Venerable Pierre Toussaint

(Artículo sobre Pierre Toussint escrito por el Sr. Antonio Borda)

Hijo auténtico de Puerto Príncipe, el bienaventurado -con proceso de beatificación hoy día, nacido en 1766 y muerto en Nueva York en 1853-

Altar principal de la Catedral de San Patricio. Abajo la tumba de Pierre Toussaint.

es el modelo del católico que asumió su condición de esclavo sin resentimiento ni autocompasión, en una época en que la filosofía de la ilustración había envenenado las relaciones entre las clases y las razas en nombre de la libertad, proponiendo como solución, no llegar al acuerdo pacífico y legal, sino el reclamo insolente, el odio y la guerra a muerte.

Hacía 1787 trabajaba en Haití con una noble familia francesa que la revolución expulsó de la isla y terminó viviendo en Nueva York. El buen negro Pierre Toussaint no quiso apartarse de sus antiguos amos y partió con ellos dejando su clan, su familia y sus apegos al terruño.
Lejos estaban él y sus amos de imaginarse que una serie de vicisitudes y dolores, esperaban a la familia en la gran metrópoli, también agitada por las consecuencias de la recién pasada guerra de secesión y el asesinato de Lincoln. Crédulamente convencidos de que bien pronto pasaría el terror de los odios revolucionarios y recuperarían sus posesiones en la isla, llevaron apenas lo suficiente para vivir holgadamente, lo cual resultó fatal pues bien pronto el capital se agotó y les llegó la ruina.

Entrada a la Cripta donde se encuentra la tumba de Pierre Toussaint

Tratándose de nobles empobrecidos y vergonzantes, la sensibilidad dolorida del señor Jean Bérard du Pithon lo llevó a la tumba, dejando a su pobre viuda duramente afectada por una enfermedad crónica, también posiblemente nacida de la angustia.

El buen Toussaint no abandonó a su ama pese a que ya no tenía obligación de atenderla pues ni era empelado remunerado de ella ni era ya su esclavo. Conmovido hasta el fondo del corazón por la situación de esta viuda sin hijos ni parientes en Nueva York, brotó entonces del fondo del alma del bienaventurado, todo el recurso profundamente católico sembrado entre sus antepasados de Haití en tiempos de la colonia.

Iluminado por la Divina providencia encontró la manera de llegar a ser uno de los peluqueros más cotizados por las damas de la alta sociedad neoyorquina, recaudando lo suficiente para que su ama viviera bien y abriera de nuevo las puertas de los salones de su arruinada mansión que pudo ser remodelada. De día trabajaba en la peluquería y salón de belleza, y de noche como simple sirviente en casa de su Madame. Nunca un reclamo, un reproche o una falta de cortesía. Llegó a ser incluso consejero espiritual de mucha dama de la High Society neoyorquina.

Catedral de San Patricio en la ciudad de Nueva York

Toussaint fue hombre de misa y rosario diarios. Fue pionero del gran negocio (en aquella época) de agencias de empleo para servidoras domésticas cuando volvió la ruina a la vetusta mansión de su señora por causa de otros golpes de la vida, entre ellos un nuevo pero infortunado matrimonio de ella y una ley de corte calvinista que los llevó otra vez a la pobreza. Recuperó nuevamente la casa de su ama y dejó testimonio de sabiduría, mansedumbre y entrega a los desamparados pues fundó varios asilos. Murió a los 87 años de edad, fue declarado venerable en 1996 y sus restos reposan hoy pacíficamente en una cripta de la iglesia de San Patricio en Nueva York.

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