Procesión de Viernes Santo en la Porciúncula

La Parroquia de La Porciúncula, que es tan bien dirigida por el Padre Guillermo Muñóz tuvo una intensa actividad en estos días de Semana Santa. El viernes realizaron un Via Crucis por las calles que están alrededor de la Parroquia. Por la tarde los oficios propios del día y en la noche se llevó a cabo las 7 palabras, el descendimiento de Nuestro Señor Crucificado y la procesión nocturna.

Las 7 palabras fueron pronunciadas por varios Padres Franciscanos, con la erudición y bendición características y también por algunos laicos. A las 8 de la noche fue descendido de la cruz Nuestro Señor y los Caballeros de la Virgen tuvieron la honra de cargar la conmovedora imagen de su sagrado cuerpo muerto y colocarlo en la urna mortuoria. El ambiente era impresionante, de seriedad, gravedad y cierto dolor. Inmediatamente la urna fue llevada por 4 Heraldos al hombro. La banda de los seminaristas Heraldos del Evangelio tocaron marchas fúnebres a lo largo de la procesión. El cortejo era precedido por el Párroco, el P. Guillermo y varios otros sacerdotes. Atrás venía La Dolorosa, una bella imagen vestida de negro, con su corazón traspasado por una espada y el pueblo fiel alrededor.

Bien se palpaba el dolor de la muerte de Jesús, Hombre-Dios, que dio su vida por cada uno de nosotros, para abrirnos las puertas del cielo y alcanzar la salvación.
“Por la cruz vamos a la luz” y “¡Ave Crux: nuestra única esperanza!”.
Estando alrededor de Nuestro Señor muerto, los Heraldos cantaron varias músicas sacras, en gregoriano, relativas a la Pasión. Y ahí bajó una gracia toda especial, de un contacto de alma profundo de todos los presentes con Aquel que es la razón plena de nuestra vida.

Felicitamos a los padres Franciscanos, y en especial a su Párroco, el P. Guillermo Alirio Muñóz, por todo lo que hacen por bien de la comunidad y les agradecemos por habernos invitado. Y nos preparó para la vigilia Pascual que nos recuerda que Nuestro Señor venció a los fariseos, al demonio y a la muerte, y que es un Dios vencedor.

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